martes, 18 de julio de 2017

El acceso al conocimiento: Hiperderecho y los productos culturales

César Antonio Chumbiauca. 
Martín Borgioli (Argentina) y Carlos Guerrero (Perú) son dos jóvenes abogados que integran parte del equipo de Hiperderecho, una asociación civil sin fines de lucro que se dedica a investigar aspectos legales en el entorno digital. Como parte de los talleres de la Antifil (feria del libro alternativa a la FIL Lima), han presentado “Internet y Acceso a la Cultura: Hackeando a la gran industria”. En la siguiente entrevista conversan sobre la misión social de Hiperderecho, de su posición frente a la industria tradicional, las estrategias obsoletas de ventas que perjudican el acceso al conocimiento, la cultura en la red y su forma particular de entender el trasfondo de la piratería.

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Martín Borgioli (izquierda) y Carlos Guerrero (derecha)

¿Cuándo nace Hiperderecho?
Martín: Hiperderecho nace a partir de un grupo de estudiantes de la PUCP que hacía análisis político de leyes que incidían en temas de tecnología, telecomunicaciones, acceso a la cultura a través de internet y programación. Como no encontraban espacios dónde poder difundirse, crearon Hiperderecho, principalmente para librarse de sus trabajos esclavizadores (risas) y poder dedicarse cien por ciento a esto que es lo que más les gusta, digamos. Luego Hiperderecho empezó a crecer. Nació a fines de 2013 y desde 2015 nos unimos nosotros dos (Martín y Carlos). Hay dos más pero llegamos a cinco personas, cada vez tenemos más trabajo.

¿Por qué Hiperderecho está interesado en realizar este tipo de talleres? ¿Acaso nos falta tomar conciencia social acerca de cómo consumimos productos culturales?
Martín: Es un área que en el Perú todavía no ha cuajado mucho. Estamos buscando hacer este tipo de presentaciones participando en eventos para que se haga más conocida esta problemática, porque hay un tema que es real: hay poca preocupación para atender este tipo de cuestiones, y sin duda, la sociedad juega un papel muy importante en el diseño de políticas, es decir, una cosa es que la empresa se queje de que hay piratería y otra cosa es que el usuario o el ciudadano se queje porque no puede acceder a una obra.

¿Qué hace que el acceso a la cultura sea muy costosa?
Carlos: Bueno, en general lo que hace costoso el acceso a la cultura no es una sola cosa, sino varias. Una de las más importantes es la cantidad de intermediarios que existen entre el creador de una obra y los beneficiarios, en este caso los que leen, consumen una canción u otro tipo de contenido. La demasía de intermediarios hace que el costo final para las personas que quieren acceder a estas obras sea mucho más alto de lo que cuesta producirlo, eso es un gran impedimento, sobre todo en países en vías de desarrollo donde la gente todavía no tiene suficientes recursos.

Otra causa sería…
Carlos: Una segunda razón es que actualmente la industria que maneja el mercado es una industria que tiene maneras obsoletas de difusión y producción, que se resiste al cambio hacia plataformas innovadoras como Spotify o Netflix que por tarifas planas menores a lo que actualmente cobran estas industrias te permiten acceder a un catálogo más amplio de películas, música, libros…

¿Por qué es más barato? 
Carlos: En primer lugar porque utilizan plataformas tecnológicas, es decir, sus canales de distribución son por Internet, por lo tanto, ahorran muchos intermediarios: no necesitan pagar locales, no necesitan pagar a un vendedor; además, el consumidor ahorra, qué se yo, que tenga que tomar un colectivo hasta el Centro (de Lima), comprar una obra que cuesta tantos soles y acceder a ella de manera muy limitada, porque, por ejemplo, bajo el sistema tradicional no puede compartirla libremente sin caer en la piratería. Lo que no hacen plataformas como Spotify, que por una tarifa plana tú y tres personas de tu familia, con diferentes dispositivos, pueden acceder a la música todo el tiempo que quieran siempre que paguen la mensualidad. Esos son dos de los grandes motivos por los cuales es tan difícil acceder a la cultura. En primer lugar porque hay muchos intermediarios en la industria tradicional y, en segundo lugar, porque esta industria tradicional está impidiendo el trabajo de las industrias innovadoras que permiten acceder a mayores contenidos a un menor precio.

¿Está justificada la piratería ante el alto costo de los productos culturales?
Martín: No quiero decir que está justificada la piratería, sino que está justificada la innovación. Para que una persona acceda a cierto contenido a veces no puede hacerlo por temas de región, porque la obra se publicó en otro lugar, por temas económicos o accesibilidad (por ejemplo, muchas veces pasa que una persona discapacitada no puede acceder a una obra porque no está adaptada a sus necesidades). Entonces, yo no creo que esté justificada la piratería en el sentido de que se le saque la vuelta al autor, sino al sistema. No es cuestión de robarle o quitarle la venta a un editor local comprando un libro pirata, sino evitar que yo tenga que pagar cincuenta o cien soles a una editorial que no tiene por qué cobrar ese precio. Entonces sí creo que está justificado este mecanismo de acceder a obras de forma más económica o a través de streaming, como ya dijo Charlie (Carlos). Lo que justifica la piratería es esta sensación de que la plata se la lleva otro. Creo que es importante que el control vuelva a los autores. La piratería está justificada en la medida que exista innovación para que el autor pueda difundir mejor su obra. Creo que hoy en día se considera piratería a muchas prácticas que son excepcionales, como bajarme una película que no voy a poder ver en el cine local o copiar un libro que no voy a poder pagar en la librería porque es muy caro. La piratería puede estar permitida mientras yo pueda acceder a la obra de una manera justa.
Carlos: Para agregar, en el mismo sentido que Martín, habría que cuestionar qué cosa es piratería y a quién se le dice pirata actualmente, porque el concepto inicial de pirata era de unas personas que venían en su barco, te robaban y te podían matar en el proceso. Pero yo utilicé ese concepto para señalar a aquellas personas que, sin ningún ánimo de lucro, comparten contenido al que no se puede acceder legalmente por diferentes motivos, ya sean económicos o sociales, quizás porque la obra ni siquiera se encuentra en su idioma y esa persona desea traducirla para que otros accedan; decirle “pirata” a esa persona es una estrategia de las grandes empresas para criminalizar a alguien que, en principio, no quiere hacer nada malo. Partiendo de ese punto, ciertas prácticas consideradas piratería deberían replantearse, no como delitos, sino como maneras legítimas de expandir el conocimiento.

Finalmente, ¿qué opciones tienen los autores para defender sus derechos en Internet y a la vez compartir de manera segura su obra?
Martín: Bueno, hoy en día, más que opciones para defender sus derechos, son opciones para ejercerlos. Si yo soy un autor y tengo la opción de publicar a través de Internet, puedo asociarme a una plataforma colaborativa o por suscripción, donde yo mismo pueda crear mi propio mercado, digamos, teniendo mi página, difundiéndola por redes sociales sin tener que ir a una empresa que me haga toda la difusión o teniendo que ingresar a un circuito comercial que está de más. Hoy una persona con página (web) puede vender más que en una tienda. Y hay casos, por ejemplo Radiohead, que vende sus discos a través de Internet y podés pagar desde cero dólares hasta la plata que vos quieras y, de esa manera, se hacen de la contribución del fan sin ningún intermediario.
Carlos: Estoy de acuerdo, pero además se trata de aportar al conocimiento mundial y a la apertura de la información, usando licencias Creative Commons, promoviendo el software libre y formatos abiertos, además de aportar a este movimiento que quiere ir en contra de las empresas que quieren arrebatarnos la posibilidad de acceder al conocimiento y a la cultura.

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Para los interesados, el martes 18 de julio se llevará a cabo la segunda parte de su taller. La cita es nuevamente en la Casa Anti (Jr. Carabaya 959-963, Cercado de Lima) a las 7:00 de la noche. Ingreso gratuito.




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